La disciplina y el esfuerzo

Casi todos reconocemos algo que deseamos mejorar de nosotros mismos. Consideramos aquello que deseamos mejorar como algo muy importante. Creemos firmemente que logrando esa mejora nuestras vidas serían sumamente diferentes, mucho más dichosas.


Deseamos una mejor condición física, manejar mejor nuestros gastos, quitarnos un mal hábito, deseamos comer mejor, ser más ordenados o seguir una dieta. Podemos desear tener una virtud como ser más atentos y amables. Podemos desear una habilidad como dominar un idioma extranjero, ser hábil en un deporte o apto tocando un instrumento musical.


Y entonces ponemos manos a la obra y trabajamos para conseguir aquello que deseamos. Lo intentamos y nos esforzamos. Nos ponemos los tenis como cada Enero y salimos a correr. Nos ponemos un calendario muy estricto para estudiar y nos esforzamos en apegarnos a él. Hacemos todo lo posible por enfocarnos y ponemos cuidado en no romper el hilo de la disciplina.
Y sin embargo, a veces las cosas no suceden como lo planeamos. Durante las primeras semanas o los primeros días nos esforzamos tan arduamente que no nos es posible seguir el paso. Estamos agotados y no podemos seguir más, entonces renunciamos.


Esto no sucede así en todos los casos. En algunos de ellos llevar una disciplina metódica y periódica puede tener buenos resultados. Pero a veces la simple disciplina, como la conocemos, no funciona. Y sin embargo lo seguimos intentando de nuevo, una y otra vez, siempre de la misma manera y obteniendo resultados similares. Al final terminamos frustrados y creemos que simplemente no podemos lograr que sucedan las cosas.


Image: David Castillo Dominici / FreeDigitalPhotos.net

Resulta que, desde muy pequeños, somo educados para ver a la disciplina como un largo proceso doloroso. Creemos que "sólo se valora lo que se consigue con esfuerzo". Que sólo con esfuerzo es como se logran las cosas. Con base en esta creencia equivocada es que soportamos y damos estructura a muchos de los aspectos de nuestra vida.


Nos conviene derrumbar ésta creencia si queremos ser capaces de lograr lo que no nos ha sido posible. Pero no podemos derrumbar éste soporte sin colocar uno más fuerte en su lugar.


Cito a Eric Fromm:
»Es esencial que la disciplina NO se practique como una regla impuesta desde fuera, sino que se convierta en una expresión de la propia voluntad. Que se sienta como algo agradable, y que uno se acostumbre lentamente a un tipo de conducta que puede llegar a extrañar si deja de practicarla«
»El oriente ha reconocido hace mucho que lo que es bueno para el hombre -para su cuerpo y su alma- también debe ser agradable; aunque al comienzo haya que superar algunas resistencias«

Algunas frases adicionales para reflexionar:
 »Yo creo que no hay nada verdaderamente valioso que se pueda obtener con el esfuerzo« —Jorge Bucay 
»Necesitas mucha pasión en lo que haces porque es tan duro que cualquier persona racional renunciaría«  —Steve Jobs
 »El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo«  —André Gide
Deja de esforzarte. Encuentra algo que te apasione hacer y disfruta el proceso a cada minuto.
Image: Ambro / FreeDigitalPhotos.net

Si logras entusiasmarte genuinamente en aquello que practicas puedes superar con creces cualquier meta que te hayas propuesto.


La disciplina es producto de la felicidad y no al revés.

Entradas populares de este blog

Prejuicios religiosos

Un propósito para el Arte

Causas y consecuencias