Vivir en el presente

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Vivir en el presente te permite convertir ese café demasiado ácido que tanto te desagrada en un placer. Te permite degustarlo muy lentamente, como si se tratara del vino más costoso, y así descubrir sus increíbles aromas en el paladar.

La atención en el momento presente transforma la narrativa de un libro en la película más increíble que jamás hayas visto. Transforma una plática en la que un amigo narra un suceso en vívidas imágenes y emociones que casi puedes sentir como si fueran propias. Hace enormemente disfrutable el sentir el peso de tu cuerpo cuando te encuentras de pie o caminando. Es descubrir el tacto y el peso de las ropas que usas. Te permite saborear la comida que estas degustando como si fuese la última. Te hace consciente de lo increíble que son las cosas que sueles pasar por alto cuando las miras con detenimiento.

Es encontrar un placer casi sublime en algo que antes te parecía desagradable.

Vivir en el presente, en cambio, no es algo fácil de lograr. Para ello debes abandonar, por un momento, tus pensamientos del pasado y dejar de pensar en lo que harás en el futuro. Olvidar todo lo que hiciste hace un segundo y evitar pensar en lo que harás el segundo siguiente. Esto, como he dicho, no es nada fácil. Pero una vez que logras calmar esa voz que te habla de otro tiempo comenzarás a percatarte de muchas cosas. Cosas que no eras capaz de percibir por pasar demasiado tiempo viviendo en otro tiempo.

Experimentar el presente con plena atención es ver el mundo con los ojos de alguien que acaba de nacer. Es recordar que el mundo, como el café, cuando se saborea despacio se convierte en una experiencia sublime.

Cuando seas capaz de experimentar un momento así, aunque sea sólo un instante, desearas que se extendiera más tiempo.

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